Observando el centro
por: Angélica Andújar
Mis fríos falanges esperan ansiosamente escribir de ti, escribir sobre ti. Este deseo se convierte en la lumbrera de estos frenéticos pensamientos. Primero, el índice succiona las ideas olvidadas y al teclear su primera letra; el corazón teclea la segunda continuada, unificando y corrompiendo el anular con sus últimas, el dueño de esas palabras. Nuevamente, parecen mis oraciones que conforman estas absurdas; un sucio juego, un cómplice del enemigo, un enemigo del amigo. La sintaxis parece pérdida y confusa. No obstante, sigo tecleando suavemente cada letra, perdiéndome en el verdadero secreto que te quiero confesar.
Escuchando algunas melodías, escribiendo sobre mi escritorio, trabajando en el museo, así me pierdo en los laberintos del saber… Las palabras conectoras se vuelven disfraces de nuestro propio desconocimiento y estúpidamente, quedan plasmadas sin decirnos nada importante. Contempló fijamente “Historia Cósmica”, los colores neutrales, el brillo y el mensaje secreto parecen relevarse.
Te observó, fijamente. Recuerdo la magia de las sombras y los claros que quedan sobre tu rostro. Engaño mis sentidos, mis tórridos pensamientos, las sucias palabras que quedan sobre nosotros mismos.
Solo quiero poder decirte que te amo desesperadamente, pero eso no es un secreto y nuevamente, la abstracción de la obra quiere engañar su verdadero mensaje.
Bese el frió de aquellos colores, escuché el grito de mi vació y hay recordé; “El gran artista no busca sus formas en la neblina del pasado, pero recoge los profundos de lo genuino y esa profundidad es el centro de gravedad de [mi] época”. (Kandinsky, W., 1993).

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